UNA BOLIVARIANA TEMPESTAD

REVISTA VÉRTIGO
10 Enero 2020
UNA BOLIVARIANA TEMPESTAD

Pocos episodios en la historia de la política exterior mexicana han generado tanta expectativa, pero pocos por igual han conseguido aparejar un cúmulo de adeptos y de críticos como lo ha conseguido la crisis que nuestro México sostiene con Bolivia en recientes fechas. No se recuerda en los libros ni en la anécdota una digresión de la crónica donde el intercambio haya llegado al insulto al Ejecutivo nacional, con una demostración aparejada de la rencilla y el poco nivel que requeriría una discusión de fondo.

Allende de la línea del resentimiento existe un conflicto de enormes implicaciones, generador de antecedentes que pueden marcar un camino peligroso para nuestro país, en el cual si no se apega el actuar de una y otra nación al derecho internacional, a los tratados en vigencia y al procedimiento interno de actuación, podría ahondarse en una zanja de la cual difícilmente se saldrá después. Aun cuando las aristas de análisis son variadas, cabe detenerse en algunos de los detonantes del mayor sinsabor existente y que llevó a la declaración de persona non grata para la hasta hace poco embajadora de México en Bolivia, María Teresa Mercado.

En primer término tendremos que estar atentos a cómo desenlazará la estancia de los bolivianos que en la embajada mexicana se encuentran en calidad de solicitantes de asilo. Hablamos de nueve altos funcionarios pertenecientes al caído gobierno de Morales, entre quienes al menos tres cuentan con órdenes de detención por razones de profundo calado, como subversión y terrorismo. México argumenta que la protección que concede la petición de asilo político rebasa las órdenes internas de detención, por lo que se niega sistemáticamente a entregarlos a la justicia boliviana. Es aquí donde debemos saber que no puede completarse el asilo mediante el traslado a un país si no se ha concedido un salvoconducto de salida por parte de Bolivia; es derecho de México conceder asilo como es derecho de Bolivia negar el salvoconducto. Estamos ante una situación tirante de uno y otro lado, donde hallar una salida al requerimiento de la justicia boliviana despresurizará la totalidad del conflicto.

 

Fórmula

Un segundo punto de análisis se refiere a cuál será el papel y participación de organismos internacionales y actores políticos poderosos. En este sentido el ajedrez estadunidense se mueve con enorme vértigo y sigilo notable. Desde la presión ejercida en pasados días por las negociaciones del TMEC hasta la constante presencia del fiscal general del país vecino, de quien se espera una nueva incursión en fechas próximas. Con una notoria influencia sobre la actuación de la Organización de Estados Americanos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, la actuación de Estados Unidos apunta a crear un cerco que limite la proliferación del prosocialismo y afinidades a la causa bolivariana.

En un tercer término se tiene que estar atento a la posibilidad de un diálogo motivado por un tercero, donde finalmente se sienten en una mesa los representantes diplomáticos de México y Bolivia. Aun cuando se está al borde del rompimiento ante la expulsión de la embajadora de México, la única y real manera de entablar un intercambio sería mediante un diálogo intermediado.

Hemos llegado a una auténtica guerra de vanidad donde ya no hay espacio para el razonamiento alejado del rencor y la agresividad que a nadie conviene. Bolivia entra de lleno en un proceso electoral donde necesitará legitimarse ante la comunidad latinoamericana e internacional. México innegablemente es un protagonista de la vida americana y no sería menospreciable su participación en el fortalecimiento de la democracia del continente. A su vez, a nuestro país no le conviene una política injerencista que nos etiquete negativamente ante el mundo.

Lo cierto es que el desenlace de este penoso conflicto vendrá a definir un poderoso antecedente de nuestra política exterior y el aparejado principio de la no intervención.  México pasa a plantearse como un país de política activa, protector de una comunidad internacional apegada a la izquierda, formador de un nuevo bloque donde la 4T clama a gritos por ser el estandarte. Templanza y equilibrio parecería ser una buena fórmula ante los ojos vigilantes de unos Estados Unidos a quienes raspa subrayadamente ese protagonismo mexicano.

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